sábado, 4 de abril de 2026

+ 4/4/2008


 

Mi niño de plata, es solo una placa, acuñada en su nombre.
Mi Ángel bendito que retornaste pequeñito de la mano de tu ángel.

Pasaron 18 años desde que partiste,
en breve tu misión cumpliste y quedé muerta en vida.
Morí contigo aquel día, aunque nadie lo sabía,
aún te busco cada abril.

Sangre de mi sangre, vida de mi vida, te recuerdo día a día.
Ni los años te han borrado, mis entrañas aún te extrañan, y el ADN aún te reclama.
Ángel, así te llamas, esa era tu misión y el vacío en mi corazón.

Se quedó vacío mi brazo, y se derramó la leche, se secó el pecho.
Lloraron mis ojos, y en cada niño te sigo buscando, no sé, buscándote en silencio quizás.

Mi niño de plata, mi niño de cinco lunas, mi hijo final.
Mi cruz, mi lamento, mi juramento, mi ángel guardián.
El que existió y volvió pronto no morirá jamás, mucho menos
en el corazón de una madre que te sintió en su vientre danzar.

Fuiste y serás, por siempre, el príncipe de mamá.

 

En memoria de mi hijo que partió antes de llegar.
† Ángel R.S. 4/4/2008




©️Margarita Schaerer
Asunción - Paraguay (04/04/2026)

miércoles, 1 de abril de 2026

DUALIDAD DEL DUELO



La luz y la oscuridad

contienen la misma carga.

Lo bueno, lo malo,

lo justo o injusto.

El tiempo medido

a la medida del tiempo.

La sombra y sus luces,

las luces con su sombra.

 

No llevamos coronas negras

a un funeral,

pero sí nos vestimos de negro.

Ese luto oscuro

es el manto de la pérdida,

es el color que nos recuerda

el respeto hacia aquella alma

que se apagó.

 

El tiempo impuesto en cada uno

es lo que por generación nos inculcan,

o el afecto al fallecido.

Otros lo llevan eternamente;

quedan apagados, muertos,

ya no en colores, sino en su interior.

 

La dualidad de la vida y la muerte

es con la que llegamos al nacer.

Cada año es un regalo el vivir,

no sabemos el cuándo

pasa la guadaña a exigir

la partida con ella.

 

Todos sabemos que nos vamos,

mas no el cuándo.

Hay dualidades más profundas

que un simple yin yang.

No siempre lo claro o blanco

es claridad, pureza o luz;

a veces es solo el revés

que se acostumbra mostrar.

 

A veces una rosa blanca

va más teñida que el negro,

camufla las heridas vividas,

las espinas que lastimaron la vida.

Ni las velas encendidas

son pura luz: siempre reflejan su sombra.

Es tenue y tan intenso,

por más que complete entre rezos

su pulcritud.

 

Es símbolo sutil de la vida

mientras se consume encendida.

Así es la flor desprendida

que obsequiamos en las partidas:

frescas, perfumadas y hermosas,

adornando los rincones

que luego perecerán marchitas y secas,

olvidadas en la fría oscuridad sepulcral.

 

Blanco para el descanso,

negro para el luto.

Oscuro dentro,

florido encima.

Luego el tiempo dirá,

mostrará lo oscuro en la rosa blanca

y la claridad de la rosa negra.

 

El duelo hay que atravesar,

el dolor hay que procesar.

Y la vida siempre llega a su final,

de ella no se puede escapar:

es el contrato del nacer

y una promesa de eternidad

al cruzar el umbral.

 


©️Margarita Schaerer
Asunción - Paraguay (01/04/2026)