25 N
No es un recordatorio.
Cada día del año debes recordar:
La violencia no es un mito.
La violencia mata:
vidas, sueños, voluntades.
La violencia arruina:
familias, salud, hogares.
La violencia anula:
personas, mentes, autoestimas, confianza.
La violencia no siempre pega con los puños o patea.
A veces envenena poco a poco la vida hasta no dejar más oxígeno.
A veces amordaza hasta quedar sin voz.
A veces encadena hasta quedar encerrado y sin salida.
A veces son solo palabras que golpean el corazón; en otras, como daga, se clavan hasta las entrañas sin compasión.
A veces son unos gritos que hacen eco en los huesos, tiritando por un delito que ni se cometió.
A veces te controla hasta la respiración.
A veces tiemblas por un simple susurro.
A veces paraliza con solo un abrazo, una mirada, un ademán o un gesto.
A veces también pide perdón, inundado de promesas: "no volverá a pasar".
A veces jura y perjura arrodillado.
A veces también te regala cosas lindas luego del moretón.
A veces es un arrebato, un instante, un segundo:
el flash de tu vida viendo pasar
todo lo que pasa
y deja de pasar.
La violencia lastima todo: el alma, la mente, el cuerpo y el espíritu también.
La violencia no es excusa
ni para el que bebe, ni para el que consume, ni para el traumado.
La violencia no te exime al hacerte la víctima, porque "los padres fueron así con uno".
Si no te gustó lo vivido, ¿quién te obliga a repetirlo?
O, mejor dicho, ¿a descargar tu trauma en quien camina contigo?
La violencia es violencia, en todas sus índoles y en todos sus géneros.
La violencia no desaparece con un botón que apretar ni con el distanciamiento.
Termina cuando puedes acabar con el miedo canceroso de tu interior.
No se lo lleva el terapeuta, y mucho menos los ansiolíticos: desaparece con voluntad, amor propio, desapego y valor.
Las culpas de un lado o del otro no sirven, porque llega un día en que te das cuenta de que uno las permitió.
Margarita Schaerer (25/11/25)
Asunción - Paraguay
