Por el niño que lo habita
Asustado, aunque hoy ría.
Por el sueño que vive a prisa,
Sin parar su día a día.
Van sus pasos a las corridas,
Ignorando a las espinas.
Pasa sobre su anhelo,
Canta otra canción el suelo.
Mientras el corazón alza al cielo
Esperando su bendición,
Sangra el ego,
Se incrusta el duelo
Y se derrama el mar
En sus ojos hoy.
Pide a la herida un deseo:
Que no le envenene la vida,
El pensamiento o la razón.
Sabe que le persigue el reloj,
Siente que le apremia el tiempo.
Cuida de que no haya un tropiezo
O que lo detenga un descuido,
Y de rodillas caído,
No se encuentre el auxilio
Que nunca previó.
El niño tiene miedo de ayer
Y aún tiembla hoy,
Sin saber
Que el peligro cesó
Antes de caer
Aquella vez.
Niño, ve,
Vuelve a jugar otra vez.
Esos tropiezos
Son para aprender
A levantarse
Una y otra vez.
Ve, sé libre de una vez.
©️ Margarita Schaerer
Asunción - Paraguay (26/03/2026)

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